“El pánico escénico y la vergüenza lingüística”

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¿Te da pánico a hablar en inglés?
pánico

Si sientes pánico a hablar en inglés, probablemente habrás leído el post “Cómo superar la vergüenza a hablar en inglés” Un sociólogo de contrastada reputación me dejó este comentario:

“El tema me parece muy interesante. La vergüenza es uno de los grandes inhibidores de la conducta y en el campo de la comunicación es especialmente relevante encontrar “antídotos”. La  autoconfianza es fundamental, pero me parece que la creación de rutinas, de buenas rutinas, es decisiva, porque es lo que permite iniciar respuestas sin tener que pensar demasiado. Aunque el tema es más complejo, creo que en este sentido muchos de los consejos propuestos son excelentes. Marc Sevi, profesor de Antropología y Comunicación.”

Su comentario me pareció muy acertado y profesional y me puse en contacto con él para pedirle que, por favor, desarrollara esta idea un poco más para que yo pudiera compartirla en el blog con todos vosotros.

Debo decir que “Marc Sevi” es un pseudónimo ya que prefiere mantener el anonimato por razones profesionales.

Pude comprobar que en realidad era quien decía ser, es decir, un profesor de Antropología en una prestigiosa universidad.

El doctor Sevi, muy amablemente, accedió a desarrollar la idea sobre la “vergüenza lingüística” y yo recibí un texto genial sobre el tema de la vergüenza y el ridículo con una perspectiva sociológica.

Aunque el texto resulte algo “académico”, estoy segura que os encantará tanto como a mí.

Muchísmas gracias profesor Sevi.

Aquí va el artículo, enjoy it!

Algunas reflexiones sobre la vergüenza lingüística

La vergüenza (o pánico escénico) es uno de los problemas mayores de la comunicación humana, porque provoca con frecuencia  el bloqueo de la espontaneidad y altera la fluidez expresiva. Por ello, encontrar recursos para superarla es realmente importante.

Pero la cuestión no es tan fácil como para resolverla con cuatro consejos generales sobre la autoconfianza y el incremento de la propia seguridad. Si tenemos en cuenta que la vergüenza es un sentimiento relacionado con el miedo, pero que se funda en la manera como interiorizamos la opinión y/o la mirada de los demás, el modo en que construimos al interlocutor, o interlocutores,  es determinante para la posible aparición de fenómenos de vergüenza.

Si pensamos que lo que hacemos o decimos puede ser objeto de risa o menosprecio por parte de los  que nos observan o escuchan, entonces es probable que nos invada un cierto sentido del ridículo (este es el sentido original de la palabra: “ser objeto de risa”) y nuestra conducta comunicativa se bloquee y optemos por el silencio, antes que sentirnos balbuceando estúpidamente.

Pero no confundamos este sentimiento social, que pone de relieve el grado de importancia que atribuimos a la opinión y actitud de los demás, con una estructura de nuestro carácter, que solemos llamar timidez.

La timidez es una forma caracteriológica de la vergüenza, relacionada directamente con el sentimiento de inseguridad y que se supera a medida que aprendemos a construirnos contextos de relación más seguros. Es un proceso personal de aprendizaje, no siempre fácil, pero que  se parece al modo en que un actor aprende a dominar la escena en una representación y a superar el llamado “pánico escénico”.

Por eso, algunos de los “trucos” que se recomiendan para superar la timidez, pueden ser útiles para los que aprenden una nueva lengua, en especial en los momentos de relación comunicativa cara-a-cara. Este es uno de los motivos por los que la comunicación en la red funciona con tanto éxito. Permite evitar la mirada del otro. Aunque no anule plenamente  la opinión ajena, uno se siente más “protegido”, muchas veces por el anonimato del pseudónimo.

Creo que  el primer procedimiento básico para superar los episodios de vergüenza y timidez es construir elementos de comunicación espontánea correcta, es decir, dominar los estereotipos comunicativos, los saludos, las frases hechas, los tópicos, porque es el modo de no cortarse de entrada en cualquier conversación. Saber cómo empezar y responder de modo no reflexivo las preguntas iniciales de una conversación convencional es siempre un factor de seguridad “escénica”. Tener la sensación de que uno se “sabe el papel” es siempre un buen comienzo.  Y esto se entrena fuera del escenario social, de modo que la mirada del otro no sea todavía potencialmente intimidante.

La práctica en la intimidad, el ensayo en contextos seguros de amigos y conocidos es importante para ir produciendo las bases de seguridad e ir creciendo en atrevimiento. A veces se tiene un buen conocimiento de gramática y de léxico técnico o científico, que permite leer y entender con una cierta normalidad un texto, pero la falta de  recursos en la conversación directa, sea por errores de pronunciación o de falta de dominio de los estereotipos conversacionales básicos,  provocan la incómoda emergencia de episodios de vergüenza.

Es cierto, sin embargo, que no todos los escenarios comunicativos son iguales. He conocido personas, autoexigentes y perfeccionistas, que a pesar de su buen dominio del idioma inglés, todavía se cortan en contextos públicos que viven como exigentes y a los que atribuyen un gran potencial de influencia sobre su imagen.

Pienso en colegas del ámbito académico, que en el bar no tienen problemas especialmente graves de comunicación, pero sufren enormemente a la hora de subir a la tarima del aula o al atril de la sala de congresos. Es normal. Y solo se supera con el tiempo y la práctica, pero también aprendiendo a relativizar la importancia de la opinión de los demás. Nada es decisivo. Nada es tan determinante que no pueda ser afrontado y superado.

En el ámbito de la comunicación hay muchos fantasmas, pero si les quitamos la sábana con que se envuelven, descubrimos  que debajo no hay nada. Solo el aire del pánico a lo que piensen los demás.  Que no es poco, pero es…¡solo aire!  

Foto proporcionada por: Microsoft


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