¿Por qué nos resulta tan difícil pronunciar bien en inglés?

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Millones de personas en el mundo están estudiando inglés y quieren aprender a pronunciarlo de una manera, como mínimo, “correcta” (es decir, hacerse entender).

Otros pondrán toda carne en el asador para aprender a pronunciar inglés como un nativo (tanto sea americano, inglés o australiano, o lo que sea…) y, por eso, incluso existen “coaches” y cursos específicos que te ayudan a desprenderte de tu acento nativo (accent reduction).

El tema de Accent Reduction es (traduzco/adapto un fragmento de la Wiki): (si no te interesa lo que es el Accent Reduction, sáltate lo verde)

La reducción del acento, también conocido como neutralización del acento es una estrategia que se usa para aprender o adoptar un nuevo acento. Es el proceso de aprender el sistema de sonidos (o fonología) de un idioma o dialecto.

Para conseguir el acento deseado uno debe:

-Cambiar la manera en que usa los órganos de articulación (la boca, los dientes, la lengua, etc..) para formar vocales y consonantes desconocidas hasta ahora.

-Modificar la entonación y y los patrones de acentuación

-Cambiar el ritmo del habla

Con este método la gente que está aprendiendo inglés puede cambiar su manera de hablar para conseguir un acento más parecido a la variante de inglés que quiera imitar y, por tanto, aumentar la claridad en la comunicación.

En este post: 3 Consejos básicos para hablar inglés como un nativo, Paddy Keneddy, una socióloga canadiense nos explica en un vídeo la importancia de, por ejemplo, el ritmo, para conseguir hablar inglés con un acento menos español y más inglés. Si no habéis visto el vídeo, no os lo perdáis, ¡es súper interesante!

Como iba diciendo, mucha gente quiere aprender a pronunciar “más a la inglesa” porque les da vergüenza tener un acento a lo Ana Botella.

En mi vida como profe me he encontrado con alumnos de todas las edades y estamentos sociales (incluso algún profe de inglés) que controlaban el tema del reading y de gramática, pero que a la hora de expresarse (o de entender a alguien hablando inglés) se perdían en jardines muy floridos… :-p

Cuántas veces me he encontrado con gente que me dice: “No, si yo leer inglés puedo, es hablar o entender a un inglés lo que me cuesta…”

EL problema de fondo no lo arreglaremos en los cinco minutos que tardes en leer este artículo, es un tema que viene de largo, del énfasis que siempre se ha puesto (al menos en España) en aprender la gramática, olvidándose de la importancia del listening y del speaking.

Por eso, si no entendemos cómo se pronuncia bien en inglés, más nos costará entender esa misma pronunciación en alguien que nos hable en inglés con un acento cerrado de, por ejemplo, Glasgow.

Tampoco digo que aprendiendo a pronunciar bien, entiendas a un grupo de escoceses en un bar a las 3 de la mañana, no… yo tenía un novio de Londres que le costaba entender el acento escocés en ese tipo de circunstancias (es como un catalán intentando entender a un grupo de menorquines hablando rápido en las fiestas de Sant Bartomeu). Ese no es el tema…

La cuestión es que aprender a pronunciar bien en inglés te ayudará a distinguir esos mismos sonidos en los demás. Serás capaz de reconocerlos más fácilmente que si te limitas a “yo leo bien en inglés pero ni lo hablo ni lo entiendo”.

Y no es fácil.

Fácil podría ser, pero requiere un esfuerzo de tu parte. Aquí no se regala nada.

Obviamente, como hemos visto aquí, el inglés escrito y el hablado son muy diferentes. Son como dos temas (asignaturas) casi independientes. Uno, a diferencia de con el español, tendrá que aprender, por un lado a leer (con su spelling) y, por el otro, a pronunciar/escuchar con sus sonidos específicos.

Es importante tener en cuenta que el writing/reading no va tan ligado al speaking/listening cómo nos creíamos…esto no es Spanish, señores!

En inglés, la vista (lectura/escritura) y el oído (hablar/escuchar) forman parte de dos dimensiones separadas.

Un ejemplo práctico:

Adelina

Conocí a una señora en Londres que limpiaba la escuela donde yo trabajaba de secretaria. Esta señora había estado currando en el mismo puesto de trabajo durante más de 30 años.

Adelina era una señora gallega y analfabeta que se había ido a Londres hacía muchísimo tiempo con su marido para buscarse la vida en una época donde la gente (como ahora) huía de una España en crisis y corrupta.

Llegó allí con sus cuatro pesetillas ahorradas y empezó a trabajar de limpiadora en una escuela. Treinta años después de que ella llegara a Londres, yo la conocí.

Seguía sin saber leer ni escribir, pero se comunicaba en inglés con un acento casi perfecto. Había aprendido inglés de oídas, no se confundía (como yo) con palabras que se escribían y pronunciaban de diferente manera en inglés, ¡porque no sabía leer!

En ese tiempo yo (todavía sin haber estudiado la carrera de Filología Inglesa y sin conocer todas las teorías académicas que apoyaban mis “descubrimientos”) me di cuenta de que, de alguna forma, esa era la manera perfecta de aprender un nuevo idioma, desde cero, de una manera pura, sin contaminaciones lingüísticas, como empieza un bebé a aprender su primera lengua, “analfabéticamente” (esta palabra creo que me la acabo de inventar).

Era más importante aprender imitando inglés que no leerlo (porque el lío y la confusión se apoderaban del “aprendiz”).

-Si se escribe “hiccough”, ¿por qué tengo que pronunciar “HÍCCAP?

Y de ahí muchas frustraciones y mucha gente que tira la toalla y se queda con el tema de que “el inglés es muy difícil” o “ Yo sé leer pero no hablar”.

Adelina me enseñó la asignatura más importante de mi carrera de una manera práctica. Ella decía “Richard” a la inglesa, yo a la española. Yo no la entendía. Ella lo decía bien, yo no (ya que estaba contaminada por los Richards y las Jeniffers españolas).

El lenguaje empieza por el oído. Cuando un bebé empieza a hablar lo hace a través del oído; escuchando los sonidos que hace a su madre e imitándola. Si un bebé nace sordo no puede oír estos sonidos y por tanto no puede imitar y por tanto no podrá hablar. Pero los bebés que nacen bien pueden oír e imitar; son imitadores geniales y, este don de la imitación, que nos proporciona el don del habla, dura muchísimos años.

Es de sobra conocido que un niño de 10 años puede aprender cualquier lengua perfectamente, pero cuando pasan los años, la habilidad de la imitación disminuye. Bien lo sabemos los que pasamos de una cierta edad y nos damos cuenta de lo que nos cuesta pronunciar inglés de una manera “inglesa”.

Hay gente que tiene más facilidad para imitar y dominar el tema de la pronunciación que otros. Les resulta menos complicado, pero, ¡cuidado!, nunca resulta fácil, solo menos difícil…

¿Por qué este don de la imitación que todos tenemos de niños va desapareciendo con los años?

¿Por qué un adulto no puede pillar un sonido determinado a la primera y repetirlo sin problema como hace un niño?

La respuesta es que nuestra lengua materna no nos lo permite (más bien, nos crea obstáculos).

Para cuando somos “adultos”, los hábitos y patrones de nuestra propia lengua son tan fuertes que son difíciles de romper. Es como si en nuestra mente tuviéramos un número reducido y determinado de combinaciones de sonidos y no pudiéramos huir de ese círculo vicioso-lingüístico. Tanto es así que los sonidos que escuchamos (sean en la lengua que sean) los organizamos en nuestro cerebro dentro de ese patrón de nuestra lengua materna, y todo lo que decimos, sale de ese mismo círculo (por tanto, sonando igual).

Un ejemplo práctico antes de acabar con este rollazo de hoy 😉

El sonido /ɜː/ (de word, bird, turn) no existe en español, entonces cuando lo oímos, lo convertimos en una “i”, en una “a” o en una “o”…porque esos sonidos existen en nuestro círculo vicio-lingüístico.  En otras palabras, oímos ese sonido pero no lo reconocemos porque no lo tenemos guardado en nuestro disco duro y lo archivamos en una carpeta de algo que se le parezca.

Guardado ahí, cuando debemos utilizarlo, lo convertiremos al sonido que consideremos más adecuado y parecido a algo dentro de nuestra red de “sonidos guardados”.

La solución para pronunciar bien en inglés es crear un nuevo disco duro en el que almacenaremos todos los archivos con nuevos sonidos y así poder romper el círculo vicioso de sonidos “solo en español”.

¡Eyy!! No es fácil, pero tampoco es imposible, ¿eh?

Se trata de romper viejos hábitos para crear nuevos y tener una mente abierta para dejar que nuevos sonidos formen parte de nuestro cerebro.

Para ello tenemos que escuchar en inglés, practicar nuestro listening como si fuéramos bebés. Despojarnos de antiguos patrones y escuchar al mundo con nuevos oídos.

Necesitaremos trabajar duro (nadie dijo que romper viejas costumbres fuera fácil), pero somos seres humanos y por tanto “adaptables”. Podemos adaptarnos a nuevos inputs, adaptar nuestra percepción, escuchar con una nueva perspectiva e interiorizar sonidos que hasta ahora ni siquiera oíamos.

Vamos a empezar a escuchar (no solo oír) los sonidos del inglés. Vamos a crear un nuevo disco duro en nuestro cerebro al que llamaremos English Sounds y dentro de éste guardaremos archivos de vocales, diptongos y consonantes inglesas.

Pero poco a poco, paso a paso, no hay prisa. No se debe intentar romper hábitos de toda una vida en un día. Tenemos tiempo.

Adelina todavía debe estar en Londres, jubilada, viviendo de rentas y sonriendo como siempre con su Ramiro. Quiero que todos nos convirtamos en Adelina y pronunciemos “Richard” como se tiene que pronunciar!

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